lunes, 2 de abril de 2012

Caso Coghlan (Buenos Aires) - Investigación Proyecto Catent

CASO COGHLAN
LUGAR: Capital Federal, Barrio Coghlan, ARGENTINA.
FECHA: 3 de abril de 1984 y en por lo menos 3 oportunidades más dentro del término de 12 o 15 días.
TESTIGOS: Carlos Mancuso, Gustavo Mancuso, Andrés Pulido y otros.
Relato inicial:
En el primer encuentro los hermanos Mancuso caminaban de madrugada por el andén de la estación de ferrocarril Coghlan cuando vieron una luz que avanzaba por las vías. Esta luz de pronto se desvíó hacia una parque lindante. De la luz surgieron varios seres pequeños, de color verde. Los testigos los describieron así en Cuarta Dimensión (N° 128): “Corrían por todos lados, eran tan rápidos que no podía individualizarlos para poderlos contar. Cambiaban de sitio, subían a los árboles, entraban al playón de cemento y parecía no importarles o desconocer nuestra presencia”.
Los testigos buscaron al Sr. Andrés Pulido para que alguien más corroborara su experiencia. En Cuarta Dimensión (N° 128), Pulido dijo: “Al principio lo tomé como una broma y seguí haciendo mis tareas, pero me llamó la atención su gran excitación. Algo en ellos decía que era cosa seria y los seguí y al llegar a la punta del andén el sorprendido fui yo. Allí estaban esos hombrecillos como ellos dijeron. No se bien cuantos eran porque se mezclaban y desplazaban constantemente. De todas maneras seguro eran más de cinco, algunos color verde, otros naranja”.
La investigación
El martes 19 de febrero de 2002 nos reunimos Emilio Cabot, Miguel Angel Gómez y Mariela De Tomaso para dirigirnos al lugar de los hechos. Recorrimos la estación y la Avenida Monroe en busca del restaurante propiedad en aquel entonces del Sr. Andrés Pulido, pero no pudimos encontrarlo. Luego dirigimos la búsqueda hacia los otros dos testigos, los hermanos Mancuso, dueños por ese entonces de un negocio de artículos de limpieza. Preguntamos en la zona sobre todo en negocios y personas de más edad que podrían tener recuerdos de aquellos años, y dimos así con un local, actualmente locutorio, que es propiedad de los hermanos aunque sus inquilinos no quisieron facilitarnos información para encontrarlos. Dejamos allí una nota con nuestros datos para que fueran ellos quienes pudieran ubicarnos. Esta nota nunca fue respondida.
Seguidamente y de regreso a la estación, Miguel interrogó a una señora (Mónica) que vive junto al ferrocarril en terrenos de la estación, que nos contó que en aquellos años era empleada en la boletería y recordaba bien el episodio aunque ella no fue testigo.
Mónica se mostró muy amable con nosotros y se ofreció a contactarnos con la viuda de otro supuesto testigo. Nunca recibimos ese dato, del cual estamos a la espera.
También nos dijo que el hecho fue muy comentado y difundido hasta por televisión. Que decían haber visto unos enanitos verdes comiendo basura al final de la rampa del andén saliendo hacia la avenida Monroe.
La casualidad quiso que su hermano haya trabajado en el restaurante del Sr. Andrés Pulido y ella recordaba que el dueño estaba haciéndose una casa en Saavedra. La recorrida que en un principio nos pareció un tanto infructuosa resultó importante para acercarnos así un poco más a la realidad de los hechos.
Una consulta a la guía telefónica nos proporcionó al instante el número de este testigo. Así fue que nos comunicamos con él, quién nos manifestó que no quería hablar de este tema, que tal vez lo haría cuando volviera de un viaje que emprendería con destino a España.
Pasados unos meses lo volvimos a llamar, ya vuelto de su viaje, negándose nuevamente a una entrevista.
Finalmente, en un nuevo intento realizado el sábado 1° de marzo de 2003, logramos obtener un breve testimonio telefónico, negándonos una entrevista personal.
Trascripción de la entrevista
Entrevista telefónica al Sr. Andrés Pulido realizada por el investigador Dr. Miguel Ángel Gómez Pombo, integrante del Proyecto CATENT:
A.P.: Hola
P.C.: Sí, buen día, ¿el Sr. Andrés Pulido?
A.P.: Sí
P.C.: Que tal, buen día, yo hablé con usted un par de veces por el tema de Coglhan, no sé si se acuerda que habíamos charlado, usted me decía que no tenía ganas de hablar del tema...
A.P.: Sí, tampoco sigo, sigo con la misma tónica sr...
P.C.: Le pido un favor, le puedo hacer algunas preguntitas breves así por teléfono, una o dos preguntitas y...
A.P.: Como no, como no...
P.C.: Esencialmente lo que quiero saber es si lo que se relata en la revista Cuarta Dimensión, lo que salió publicado ocurrió realmente así o si los periodistas lo modificaron...
A.P.: No, no, no, mire, hay una cosa que le voy a dar, que no aparece ahí y que le va a dar la dimensión del hecho, este...Creo que un mes y unos días antes muere en el Hospital Pirovano un Sr. de sesenta y pico de años, creo que tenía 63 años, no recuerdo bien, que fue encontrado en la vía del ferrocarril, no electrocutado, tampoco hubo un diagnóstico de su muerte y según lo que dijeron ahí, un tipo que dormía ahí en las vías, cerca de las vías dice que hubo un resplandor muy grande y este hombre apareció tirado ahí sobre el pasto al costado de la vía...
P.C.: No me diga!, yo no tenía conocimiento de esto...
A.P.: Claro, claro, me entiende, a este hombre se lo llevaron al Pirovano y en el Pirovano muere sin diagnóstico, me entiende?, que fue poco después donde en el mismo resplandor, poco después aparecían esas cosas, estas cosas que se les llamó enanitos verdes, me entiende?, que aparecieron ahí en la Estación Coglhan.
P.C.:¿Y usted cómo se enteró de esta persona que falleció?
A.P.: No, no, porque me lo contó a mi esa persona que estaba durmiendo ahí en la vía pública, no era un borracho porque si era un borracho no le daba atención, era un hombre que no tenía donde dormir pero evidentemente tenía la facultades mentales normales.
P.C.:¿Eso lo preocupó a usted?
A.P.: Eso...con todo esto que apareció después me dio una especie de alerta, me entiende...
P.C.: ¿Cómo eran estos...?
A.P.: No tenían una dimensión fija, no tenían un límite delineado, eran...yo tampoco lo puedo llamar...como una persona dijo a lo mejor pueden ser motivos gaseosos que con la luz irradiaban, puede ser, a mi no me daba la impresión de ser eso no...
P.C.: O sea usted vio esa esfera luminosa y después...
A.P.: No, no, no, esfera yo no vi ninguna esfera, una luminosidad, me entiende?, esfera no
P.C.: Una luminosidad, ajá... Exacto. Y alrededor de la luminosidad se veían estos seres?
A.P.: No, no, esa luminosidad y después se veían como separada de ella otras luminosidades que tenían un tono verdoso me entiende? pero eso de que comían basura, eso no, eso no es verdad, eso no se vio.
P.C.: Mire usted, porque se dicen tantas cosas...
A.P.: que estaban ahí alrededor de las vías, que dicen que sacaban la energía del tercer riel, del otro, eso no lo sé
P.C.:¿Y qué formas tenían esas luminosidades más pequeñas?
A.P.: No tenían una forma, tenían una formas chicas, enanas pero yo no podría darle un límite, una dimensión, un bosquejo exacto.
P.C.: Digamos, no eran como pequeños seres humanos...
A.P.: No, no, no, no, que parecían sí, imaginese que cuando una ve una figura o un manchón puede entender de que es tal cosa...
P.C.: Pero piernas, brazos...
A.P.: No, no, no...
P.C.: Y eso estaba...
A.P.: Ahí, en la Est. Coglhan, en los jardines, donde yo tenía la parrilla, bueno ahí a un costado estaban
P.C.:¿Y estaban en el suelo?
A.P.: Si, si, estaban todos por la superficie terrestre, no volaban ni mucho menos...
P.C.: Algunos decían que subían y bajaban de los árboles...
A.P.: No, no, no, que se movían sí, con una gran velocidad...
P.C.: O sea que podían ser luminosidades y no gnomos o personas, porque se habló...
A.P.: Y podían entenderse que serían...yo que se vamos a llamar seres...o no sé que denominación darle...
P.C.:¿Y a usted cómo lo afectó esto?
A.P.: No, eso fue un objeto de atención que en su momento me acaparó a mi la mente pero eso no significa...yo después nunca más lo volví a ver...bueno tampoco nunca más estuve en la zona.
P.C.: Y usted que me dice que le acaparó la mente...usted estuvo con alguna obsesión con el tema...
A.P.: No, no, no, obsesión no, es decir...
P.C.:¿Miedo?
A.P.: Claro, cuando a usted le pasa una cosa rara, cuando usted tiene una sensación o tiene una prevención, me entiende, sobre todo mental que cualquier de esas cosas anormales que no es de la vida cotidiana le llama la atención...
P.C.: Claro, y ahora usted cómo está, ya lo olvidó el tema?
A.P.: Sí, yo ya lo olvidé, yo quiero mantener un perfil bajo... Yo todo esto se lo expliqué a Zerpa...
P.C.: Pero en la Revista dice otra cosa, no está así...
A.P.: Pero en la Revista el periodista a lo mejor tomó de lo que decía gente que no vio...conmigo lo vieron bastantes...unas cuantas personas lo vieron.
P.C.:¿Qué color era todo esto?
A.P.: No tenía un color, se podría decir una tonalidad verdosa, por eso les llamaron enanitos verdes, como eran chicos o bajos, me entiende? Después de esto se copió ahí un conjunto de música que tomó el nombre de “Los Enanitos Verdes”.
P.C.:¿Y los otros testigos? ¿Había dos testigos más creo, no?
A.P.: No sé donde...había más pero no sé ni donde están.
P.C.: No conoce los nombres...
A.P.: No, no, no. Hay gente que trabajaba para mi pero yo que se dónde andan.
P.C.: Y el nombre? Porque por ahí yo los puedo ubicar...
A.P.: No, ni me acuerdo. En la Revista creo que hay unos cuantos nombres.
P.C.: Sí, ahí figuran unos hermanos Mancuso.
A.P.: Creo que ese tenía un kiosco en la calle Ugarte.
P.C.: Claro, pero no los pudimos ubicar...
A.P.: Y tanto tiempo...A Mancuso lo conocía el folklorista que vivía en la calle Ugarte y tenía un Mercedes...¿cómo se llama? Uno que le canta al vino...
P.C.:¿Horacio Guaraní?
A.P.: Sí, el lo conoce a Mancuso.
P.C.: Bueno, vamos a tratar de rastrearlo por ahí.
A.P.: Que tenga suerte señor.
P.C.: Le agradezco muchísimo y disculpe la molestia pero se imagina que realmente estamos investigando este tema y nos interesaba muchísimo poder escucharlo a usted.
A.P.: Usted vaya si quiere, no se si puede encontrar a los médicos de guardia del Hospital Pirovano de esa época, me entiende? Que ahí murió un viejo de sesenta y pico de años sin diagnóstico y se le hizo una autopsia y no tenía signos visibles de la muerte de él.
P.C.: Y usted a qué le atribuye, digamos lo que le pasó a usted, ver esto...
A.P.: No, a mi no me pasó nada, yo he visto...
P.C.: Pero que le pareció que pudo haber sido, cuál es su opinión, no?
A.P.: No, me llamó la atención porque el viejo este también lo tenía que haber visto, me entiende?
P.C.: Claro...
A.P.: Si muere sin diagnóstico ¿porqué, a qué se debió? Estuvo en el medio de eso...
P.C.: Esperemos que no tenga nada que ver, bueno, nosotros de cualquier manera si llegamos a saber algo le mandamos por correo un informe para que usted lo tenga.
A.P.: Fijese como habrá sido la psicosis que un día me llama un mozo y me dice señor, ahí atrás en la calesita hay un tipo tirado en el piso cuerpo a tierra con una escopeta, un perro y un chico, me voy para allá y efectivamente...
P.C.: Estaban esperando...
A.P.: Sí, que aparecieran estos seres, y con una escopeta y un chico que tendría 5 o 6 años! Le digo señor usted se da cuenta lo que le está haciendo en la mente a este chico! Y porqué la escopeta, si son seres como usted dice extraterrestres, usted no sabe si son agresivos o no.
P.C.: No sabemos nada, sabemos tan poco...
A.P.: Exacto pero fíjese usted la mente de las personas, como se cultivó todo ese fantasma...
P.C.: Hay mucha locura no?
A.P.: Si, si, si.
P.C.: Una preguntita más, cuando usted ve esto, ¿usted se va del lugar o esto desaparece? ¿Cómo termina el avistamiento?
A.P.: Un día no lo vi más. Es decir, vamos a empezar de vuelta, perdón, un día traté de ir a buscar una máquina de filmar que yo tenía, es decir una video-cámara para grabarlos, evidentemente cuando me la trajeron ya no estaba más todo esto. Y otra vez fui a llamar a otra persona para que viniera con una máquina fotográfica aunque sea para fotografiarlo, ahora yo sé que de uno de los departamentos, creo que hubo un hombre que los fotografió. De un departamento de esos que dan ahí a la estación Coglhan, creo que uno lo fotografió.
P.C.: Esto pasó una vez sola...
A.P.: No, no, que aparecieron éstas figuras?
P.C.: Si
A.P.: No, no, fueron creo que cuatro veces.
P.C.: ¿Cuatro veces?
A.P.: Si, dos de ellas las he visto yo, las otras dos no.
P.C.: ¿Usted las vio dos veces en días diferentes?
A.P.: Días diferentes, si señor.
P.C.: Mire...esto no lo teníamos.
A.P.: Si, si aparecieron cuatro veces.
P.C.: Me está dando la noticia...
A.P.: Dos de ellas los vi yo, me llamaron fui y los vi.
P.C.: Y cuánto tiempo duraba?
A.P.: Y mire cuando fui a buscar la cámara, la primera vez habrá sido menos de diez minutos que lo vi y me fui enseguida a llamar para que me trajeran la cámara a mi hijo. Y la segunda vez, cuando llamé al otro para que trajera la máquina póngale otro tanto, no miré la hora pero más o menos aproximado.
P.C.:¿Y a qué distancia lo tenía al fenómeno?
A.P.: Y a una distancia de 70 u 80 metros.
P.C.:¿Ruidos y eso escuchó algo?
A.P.: No, nada, nada, ni un ruido, nada.
P.C.:¿Y las apariciones fueron en días seguidos?
A.P.: No, no, no. Todo esto habrá ocupado un espacio de más o menos póngale doce días o catorce días, no me acuerdo exactamente las fechas.
P.C.: Que bárbaro! ¿Salió en algún diario?
A.P.: Si, se llenó de periodistas, hubo muchos, los nombres no los conozco.
P.C.: Bueno, le agradezco muchísimo nuevamente y cualquier novedad le mando un informe por carta y no lo molesto por teléfono.
A.P.: Muy bien, mucha suerte.
P.C.: Gracias, le agradezco muchísimo.
A.P.: No hay porque, hasta luego.
Fin de la entrevista.

ADENDA
En su libro Vida + OVNIS + Duendes es igual a: Universo Mágico, pagina 16, subtitulo El Viejo y los Duendecillos del Agua, Cándido Víctor del Prado, relata: “...En una ocasión me dijo: - Están ahí y juegan con el agua. - ¿A quién se refiere?
Me miró profundamente y supe que iba a referirme algo especial. Hurgó en sus bolsillos y de un atado bastante arrugado me ofreció un cigarrillo. Era el ritual con que siempre comenzaba a narrar algo interesante. Hizo una larga pausa que yo debía respetar. Para mí no significaba esfuerzo, pues me sentía a gusto... ....cuando lo creyó oportuno contestó: - son pequeños, muy pequeños, brotan de la tierra, del aire o del árbol, no sé bien de dónde porque aparecen y desaparecen en un instante...”.
Este era un linyera que vivía junto a las vías en las cercanías de la estación Coghlan, a unos 150 metros, hecho ocurrido unos cinco años antes del avistamiento de los Mancuso y Pulido. Desconocemos si la persona hallada muerta a la que hizo referencia Pulido, pudiera tratarse de este hombre con el que Del Prado había trabado amistad.
Comentarios.
Es de destacar que el Sr. Andrés Pulido demostró a lo largo de toda la entrevista, un fuerte temor por lo sucedido, basado en los rumores de la persona que habría muerto luego de presenciar acontecimientos similares a los que le tocó ser testigo.
También cabe resaltar que no se trató de un único avistamiento, sino que tales fenómenos se habían repetido unas cuatro veces a lo largo de catorce días.
Es curiosa la descripción incierta que hace el testigo de los seres o figuras no pudiendo definirlas en ningún momento como siluetas humanas pero considerándolas sí seres vivos que realizaban allí alguna actividad.
Pulido habla de varios testigos directos pero lamentablemente no pudimos encontralos.
Los hermanos Mancuso fueron entrevistados por Fabio Zerpa y encontramos como complemento de esta investigación su artículo publicado en El Quinto Hombre, revista virtual El Portal de Fabio Zerpa, ELEMENTALES EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES (ARGENTINA) - CASO COGHLAN
http://www.fabiozerpa.com/ElQuintoHombre/diciembre01/Mparalelos_10B.htm
“...Este es un caso ocurrido en el barrio de Coghlan, en la ciudad de Buenos Aires, cerca de la estación de trenes. Tres testigos, entre ellos dos hermanos, tuvieron el privilegio de observar las características y movimientos de cada uno de ellos. He aquí el interrogatorio conducido por Fabio Zerpa.
Fabio Zerpa: ¿Qué fue lo que pasó?
Testigos 1: Bien, nosotros veníamos transitando por este camino, aproximadamente las 2 o 2.30 de la madrugada de un día de marzo y vimos una luminiscencia que venía avanzando. Nosotros veníamos caminando y al principio no le dimos mucha importancia, creíamos que era una locomotora que mayormente pasan por acá. Pero después nos dimos cuenta que esa luminiscencia se bifurcaba y venía hacia nosotros.
F.Z: ¿Cómo era esa luminiscencia?
T:1: No le dimos mucha importancia pero cuando se fue agrandando, como una nube de luz.
F.Z: ¿Cómo el tamaño de una pelota de Fútbol, más grande?
T:1: No, un poco más grande, diez veces más.
F.Z: Diez veces más.
T:1: Sí, y no redonda, o sea ovalada como una nube, exactamente igual.
F.Z: ¿Qué color tenía?.
T:1: Blanca, blanca, muy blanca.
F.Z: ¿Blanca – azulada, blanca – amarillenta?
T:1: Blanca, blanca, completamente blanca.
F.Z: ¿Y que hizo la luz?
T:1: La luz venía de Manuel Ugarte (una de las calles del barrio), o sea por las vías y se fue agrandando hasta donde se encuentra la señal del tren, ahí se paró. Yo le vuelvo a repetir, yo creí que era un tren pero como no había ruidos ni nada. Después nos dimos cuenta que era un OVNI, o algo de eso.
F.Z: ¿Qué hizo después de la señal?
T:1: Se paró ahí y cuando salían estos seres raros y se empezaron a perder por el campo éste, o sea se pusieron por allá, se pusieron por acá... Estuvieron ahí en los juegos sin molestar a nadie, o sea vinieron acá no se a que...(cerca de la estación se encontraba varios juegos para niños).
F.Z: ¿Qué hacían estos seres?
T:1: Aparentemente parecían que estuvieran inspeccionando la zona, en cierto momento vimos como si quisieran escudriñar el suelo o los árboles, los juegos, estaban en su trabajo de exploración, digamos... Inclusive, nos vieron pero parecía como si no se hubieran asustado, como si no hubieran tenido ninguna reacción, digamos, belicosa.
F.Z: ¿Y como eran esos seres, que tamaño tenían?
T:1: Aproximadamente tendrían 60 centímetros de altura.
F.Z: ¿cómo estaban vestidos?
T:1: La primera impresión es que no tenían una vestimenta, digamos humana sino que tenían un medio uniforme en cuanto a la piel rugosa pero no se diferenciaba un pantalón o camisa. Era un uniforme.
F.Z: ¿Qué color era ese uniforme?
T:1: Verde.
F.Z: ¿Totalmente verde?.
T:1: Totalmente, o sea desde la cabeza hasta las puntas de los pies, uniformemente del mismo, no podemos hacer una diferenciación, como usted, que tiene el saco, el pantalón de distinto color; el matiz era uniforme.
F.Z: ¿Gorro, casco, casquete?
T:1: Completamente cara descubierta y la cabeza descubierta, inclusive no había diferencia de pelo.
F.Z: ¿El pelo como era?
T:1: No tenían.
F.Z: ¿Eran calvos?
T:1: O sea, en un ser humano se puede diferenciar la calvicie pero le repito y le vuelvo a repetir era de toda uniformidad, del mismo color pero sin diferenciación de la calvicie, por ejemplo, de la frente a donde comienza.
F.Z: Es decir ¿ sin pelo pero no con calvicie?
T:1: Correcto, correcto, porque cuando hablamos de calvicie en un momento dado hubo pelo pero en este caso, supongo yo, que nunca hubo pelo, que no se le cayó.
F.Z: ¿Los ojos, pudo ver los ojos?
T:1: Eran dos, a ambos lados de la nariz, como si fueran humanos pero con la cara como si fueran humanoides, boca también.
F.Z: ¿Seguro de la estatura?
T:1: Segurísimo, por la proporción al entorno a ellos, porque si estuvieran parados en ese banco, ese banco tiene unos 40 centímetros, y no sobrepasaban más de ahí.
F.Z: ¿Otros testigos lo vieron también?
T:1: Sí, una persona más.
F.Z: ¿Qué fue lo que vio?
T:2: Más o menos a una distancia de unos...60,70 centímetros, aproximadamente, vi a esta cantidad de ...seres, no se si serán seres.
F.Z: ¿Qué cantidad de seres?
T:2: Yo calculo que eran más de diez.
F.Z: ¿Más de diez?
T:2: Más de diez, ahora la cantidad exacta, con la velocidad en que se movían, no se podía apreciar.
F.Z: ¿cómo eran altos, bajos, medianos?
T:2: Más o menos de unos 55,60 centímetros de altura.
F.Z: ¿Y a qué velocidad se movían?
T:2: Más o menos la que puede tener un corredor de 100 metros.
F.Z: ¿Tan rápidos eran?
T:2: Sí, no se puede apreciar exactamente.
F.Z: ¿Y que hacían?
T:2: Bueno, había algunos que jugaban, daba la sensación de que jugaban, otros se agachaban o trataban de recoger algo, no sé.
F.Z: ¿Siempre en el suelo?
T:2: Unos aparentemente eran de color verde, sí, esos se agachaban y buscaban algo y los otros de un color más bien naranja, jugaban.
F.Z: ¿Tenían un uniforme, o algo?
T:2: No, no podría decir que eran vestimentas sino que era una especie de piel, no sé.
F.Z: ¿Y uno era de color naranja y los otros de color verde?.
T:2: Sí.
F.Z: ¿Qué hicieron después, cuanto tiempo los vio?
T:2: Aproximadamente unos 20, bueno uno en esos momentos no tiene la noción del tiempo pero póngale una porción de tiempo de 20 minutos.
F.Z: ¿Después que hicieron?
T:2: Después se fueron, desaparecieron a la misma velocidad, iban desapareciendo, a mi me dio esa impresión, no he visto luces ni nada que bajara de arriba, nada, se fueron perdieron, se fueron desapareciendo...”
Según la entrevista realizada a los Mancuso el caso quedó titulado y clasificado como un encuentro con “Elementales” pero sin embargo los seres habrían llegado en una luz que ellos mismos llaman OVNI.
A diferencia de lo que nos dijera el Sr. Pulido no encontramos en el testimonio de los hermanos referencias respecto a la existencia de un mayor número de testigos ni tampoco hablaron de la repetición del fenómeno en días consecutivos.
ALGO DE FENOMENOLOGIA COMPARADA
Fecha 8 de junio de 2002, Ataliva Roca, Obrador de Techint, campo Daniel Neveu, 3000 metros RN 35 y RP 18. El testigo, Horacio Sueldo se hallaba cumpliendo sus labores de sereno en una zona rural a bordo de una máquina vial cuando divisó a lo lejos una luz verde fosforescente aproximándose desde el sur. Al encender las luces del vehículo la luz desapareció para reaparecer en otra dirección aunque mucho más cerca pudiendo apreciar dentro de la misma una entidad de 50 cm. de altura con piernas muy delgadas y cabeza prominente. Huyó del lugar a toda velocidad en la máquina.
Fuente: Diario La Arena (Santa Rosa) 12/06/02 y Diario La Reforma (General Pico)15/06/02.
Otra referencia muy interesante a un caso similar la encontramos en el excelente e interesante librito titulado “Llegaron también a Viale”, escrito por Ariel Lemos, página 17:
“EL PASAJERO DE LA BURBUJA.

...Del otro lado de las vías, en el Barrio Centenario, algunas familias comenzaban ya a poner las sillas y sillones en la vereda. Pronto compartirían los vecinos el delicioso mate y también las novedades del momento. Era y es la costumbre de cada atardecer en donde la gente del barrio se enriquece a través de una relación buscada y sentida.
Estaban en esto cuando sobrevino la cosa. Alguien estaba en la vereda observó, de pronto, que una extraña presencia luminosa y esférica se desplazaba hacia la estación del ferrocarril, Iba paralelamente a las vías en dirección sudoeste. La persona que vio primeramente el fenómeno quedó asustada pero igualmente llamó a los que estaban dentro de la casa para que la ayuden a entender que era eso. Cuando se sumaron los demás, uno a uno fueron confirmando que lo que observaban era una esfera de aproximadamente dos metros de diámetro, En su interior había luz pero ésta no se proyectaba hacia afuera. Lo más llamativo es que se podía ver a uno sentado como si estuviera en el manejo de controles del aparato. El personaje portaba un casco, o al menos su cabeza parecía muy abultada. Se lo veía muy concentrado, ni siquiera demostró interés por quienes los estaban mirando pasar. En realidad, era algo desconcertante. Por eso podemos afirmar con toda certeza y sin llegar a exagerar, que aquello no era otra cosa sino una burbuja luminosa tripulada por un ser raro e insólito. Su desplazamiento era lento y silencioso, El objeto se deslizaba a una altura de treinta metros, distancia que permite una completa visualización de sus formas y de lo que había en su interior.
Poco a poco la burbuja se fue perdiendo siguiendo el derrotero de las vías. Daba la impresión que algo la unía a ese camino de hierro por cuanto no se apartaba de él en toda su marcha. Era como si estuviese ligado por un hilo invisible que lo mantenía firme en el rumbo que debía recorrer...”.
SIMILITUDES EN EL FOLKLORE
Indagando en mitos y leyendas encontramos interesantes historias de seres pequeños que se transforman en una luz o que viajan con o en ella. Visitamos en Internet varias páginas y aquí las recomendamos y tomamos algunas fragmentos:
De Argentina Misteriosa de Christian Quinteros:
Anchimalén
http://ar.geocities.com/argentinamisteriosa/anchimalen.htm
También Anchü Mallén, Anchimallén y Cherufe. Mito antropomorfo de los araucanos, que los cronistas asimilaron al Duende. Tiene la forma de un enano de sexo indeterminado, con la altura y grosor de un niño de pocos meses. Deidad maléfica en sumo grado, sanguinaria y grotesca. Suele transformarse en un fuego tenue y fugaz que se ve en los caminos y llanuras, en los techos de las casas y ramas de los árboles, o entre las patas de los caballos. A veces este fuego es rojo y corre muy rápido, virando su color hacia el amarillo. Para ahuyentarlo hay que hacer ruidos metálicos con las espuelas u otros objetos y cabalgar desnudo. Quien lo ve de muy cerca se queda ciego o se enferma de la vista. Allí donde aparece esta luz ocurre pronto una desgracia. Se transforma también en pequeños reptiles.
Son a veces sirvientes de los brujos, cumpliendo misiones que éstos les confían. Se dice asimismo que los Anchimalén son criaturas que crían los brujos para que les cuiden el ganado, a las que alimentan con leche, sangre y miel que ponen a su alcance. Pero cuando llega la noche dejan de cuidar el ganado y se convierten en Cherufe, que es el fuego errante.
Según Casamiquela, este mito que expresa los temores de la tiniebla sería un desprendimiento del de Anchimalgén, al igual que Kuyén. Aquél ya no existe hoy.
Pillán quitral El fuego sagrado
http://madryn.com/pm/endepa/elfuegosagra.html
En la creencia aborigen del Sur de América viven, desde hace incontables lunas, entidades mágicas en relación con fuegos malditos... como los de Anchimallén araucano, el duende enano que sirve a los brujos del diablo, el que roba para "el daño", el que ciega con su presencia por que la luz en la que se transforma es maligna... cuando su radiación brillante y fugaz aparece en los campos o en las montañas o en las ramas de los árboles o en los techos de las rucas...el indio tiembla porque significa la muerte para alguien: ¿a quién se llevará esta vez la luz mala?.
Un excelente artículo para complementar esta investigación es el publicado en la revista virtual Gaceta Ovni. Aquí un fragmento del mismo:
La Entidad
http://www.gacetaovni.com/
Peregrino de las leyendas
En la década de los 80 un grupo de psiquiatras y antropólogos dependientes del CONICET desarrollaron un amplio relevamiento en la zona del desaguadero sur en la Provincia de La Pampa bajo la denominación de PROGRAMA DE INVESTIGACIONES SOBRE EPIDEMIOLOGÍA PSIQUIATRICA bajo la dirección del doctor Fernando Pages Larraya. Textualmente expone los relatos puros de los pobladores, sus historias y leyendas con sus tintes mágicos, miedos y modos de convivir con ellos. Entidades fantasmales, narraciones de sucesos malignos, se entrelazan en un circuito de permanentes vivencias . La influencia de los indios Ranqueles emerge desde el sustrato histórico, tomando vida algunas de las mas viejas creencias. En esas leyendas e historias es claro ver una raíz europea cuando se nombran a los jinetes sin cabeza, animales extraños y ritos demoníacos. Estos son nombrados como recuerdos cada vez mas lejanos, como historias menos frecuentes... sin embargo hay algo que parece perdurar al paso del tiempo, un misterio que sobrevive con firmeza y matiz propio, con tal individualismo y substancia que se nombra tanto en el pasado como en el presente, y es la presencia de las enigmáticas luces malas que en el documento forman parte de vivencias de reciente data. Del Documenta Laboris que transcribe textualmente los temores y creencias de toda la región mediante entrevistas directas con los habitantes surgen una serie de referencias a las luces malas que toman de la raíz ranquel sus principales características. Allí se hace mención del Anchumallen, figura antropoide semejante a un nenito cabezón que transita los montes de caldenes durante las horas de la noche titilando con luz pálida y emitiendo chillidos a modo de lamentos. La leyenda, en una de sus acepciones, narra que Anchumallen era una princesa Ranquel enamorada de un joven aborigen de tribu enemiga y que por mantener su amor en contra de la voluntad del Cacique, su padre, fue castigada junto a su pareja con la maldición del brujo de la tribu. Anchú, es convertida en un ser diminuto que lamentará su traición y buscara en la noche, indefinidamente, el paradero del joven quien (transformado en un pájaro) no podrá cruzar la frontera de la noche en donde vagará Anchú por siempre. Es notable como la imagen de Anchumallen encuentra similitud con el Curupira de Brasil, una especie de espíritu o duende de la selva que, según la tradición, defiende a los animales de la depredación de los cazadores humanos. El Curupira puede tomar la forma de “persona bajita y cabezona” y en ocasiones manifestarse como una bola de luz.
Lo Mágico y lo Verídico
“Aquí, a esta playita del Chiñuracó, baja Anchumallen al agua, de vez en vez, en días calurosos, cuando todo es quietud en torno...” “De noche su cuerpo es de luz pálida como la del sol...Por eso la llaman Anchumallén, o Anchu, cariñosamente, las muchachas enamoradas. De día, parece de cristal. No vuela como los pájaros, aleteando. Se desliza flotando por sobre plantas y caminantes, sentándose de trecho en trecho en la huella, para mirar sonriente a los que pasan, con sus ojillos de rubí, dos puntas de fuego que iluminan su preciosa carita redonda.” Otra acepción de la leyenda dice que Anchu tuvo la desgracia de enamorase de un cristiano, traicionando las tradiciones mas antiguas de la tribu, por lo que un potente maleficio de los hechiceros le dio un castigo ejemplar. Al querer escapar con su amado - y así cuenta el libro costumbrista de Enrique Stieben en “Ancumallen” que toma de esas tradiciones y leyendas las descripciones principales- relata: “Algo sobrenatural habíase interpuesto entre ellos y su destino. Una como centella abatió el entorno con poderosa lumbre y un gran estrépito, de cuyo centro emergió en una aureola, el gran chivo de la cueva que ya vieran. En veloz carrera llegó a ellos envolviéndolos indefensos en su quemante esplendor, de cuya esfera fue despedida Anchu por los aires, a lo largo del valle, sobre el cual seguiría flotando apenada hasta el fin del tiempo, convertida en mujer luz, hermosa e intocable.” El Anchumallén, según los relatos más recientes, ha sido visto por varios pobladores como una luz parpadeante, pálida, que se desliza serenamente por el desierto y suele llegar a estar muy cerca del caminante. “tiene la cara de un conejo, parecido, con dos dientes raros que le salen de una boca luminosa. Es chiquito y sus ojos brillan como dos brazas candentes mientras hace un chillido agudo”. Algunos testigos sostienen que dos ojos brillantes, o dos brazas encendidas, suelen moverse por el campo, y no son ojos de animales. Fábula o no los relatos se multiplican aún en personas no locales que transitan casualmente por la región y dicen ser testigos de estas apariciones: “y me agarró cuando iba caminando, y me agarré una mala sangre a la cabeza. Era luz y se prendía y se apagaba. Parecía una nenita chiquitita, tiene dos dientes de luz. Y se apagaba y se alumbraba...”.
El extraño, en los Andes neuquinos.
Una importante reserva mapuche se encuentra del otro lado de la frontera, al noroeste de Neuquén, en la república de Chile. Es la reserva Trapa Trapa. Amandina Manquepi, oriunda de Trapa Trapa ofrece sus notables trabajos en madera y en lana a los visitantes de las termas del Copahue, en Argentina. Elige un lugar entre los humeantes puentes que cruzan las cálidas aguas burbujeantes saturadas de azufre que expiden un olor nauseabundo que se pega a las ropas y endurece el cabello bajo el implacable sol del mediodía. Sus manos cargan la sencilla y esmerada mercancía cuyas ganancias son para asegurar el sustento diario que aún en medio del desierto de montaña su familia necesita. Pero en su silencio tímido ante el turista, Amandina esconde experiencias que muchos de nosotros pagaríamos por vivir. Ella dice haber visto ese enigmático “anchimallen”, entidad antropomorfa pequeña que ella describe como un niño cabezón relacionado a las “machis” (curanderas o médicos brujos de una comunidad indígena) que suelen aparecer los martes y los viernes, días de magia para los criollos de argentina. Su descripción, por enésima vez resulta familiar: “es una luz titilante, como una linterna de pilas gastadas que transita las montañas saltando como un conejo” o mostrando su silueta desnuda ante el azorado observador. Esa luz puede ser amarillenta y a veces tornarse azulada. Leyenda, tradición, o como se le llame, el relato de Amandina Manquepi es contundente al señalar que su último encuentro con la luminosa entidad lo tuvo 15 días atrás ( sobre finales de enero o principios de febrero del 2000) demostrando la incómoda contradicción de nuestras valoraciones sobre los dichos del habitante rural. Y suele ser pasmosa la naturalidad del encuentro que se describe como si fuera una parte más del paisaje sin atender las líneas divisorias entre lo creíble y lo extraordinario. Con algunas de las mujeres de la misma comunidad tuvimos similar descripción sin que ellas atendieran demasiado nuestro asombro y quizás profundamente extrañadas y hasta risueñas por el interés que un grupo de hombres tenía por aquellos seres enigmáticos tan “alejados de los gringos”. En los infinitos caminos del valle, del Cajón del Agrio y de los puestos que aquí y allá marcan la presencia humana, esas referencias se enriquecen y reiteran como en el caso de Oscar, el mecánico de la villa quien, hace varios años, dice haber tenido un encuentro parecido con el diminuto visitante de la noche..."

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